Cementerios de Córdoba: Un Paseo por la Historia y la Cultura

Por Ismael Frías

El 31 octubre 2023
Hoy en día no resulta extraño pasear por las calles de Córdoba y ver cómo se celebra unas festividades que han llegado hasta nuestros días a través de América pero que a su vez es algo muy propio de nuestro continente y nuestra cultura. Halloween y día de difuntos no deja de ser un reflejo […]

Hoy en día no resulta extraño pasear por las calles de Córdoba y ver cómo se celebra unas festividades que han llegado hasta nuestros días a través de América pero que a su vez es algo muy propio de nuestro continente y nuestra cultura. Halloween y día de difuntos no deja de ser un reflejo de lo que ya se hacía en nuestra tierra. Actualmente celebramos tanto el 31 de octubre como el 1 y el 2 de noviembre y hemos hecho de las festividades nuestro sayo.

Y es que vivimos la vida como si al final de esta nos encontrásemos con el tránsito a la inmortalidad. Mientras, pensar la muerte es aflorar el temor, el desasosiego y la angustia tanto si se es creyente o como si no lo somos. No obstante, en uno u otro caso, y sabiendo que al final hay una extinción biológica, la frustración se hace presente al perder lo que nos ha sido dado por la vida. Todo esto hace que desde tiempos inmemoriales y desde que el ser humano se da conciencia de esa muerte hagamos todo un ritual alrededor de ella para poder encontrar el efecto balsámico de la felicidad, precisamente reviviendo aquellos recuerdos, aquellas experiencias y conocimientos de todas aquellas personas que hemos perdido y que mientras estaban vivos nos dieron amor y felicidad.

Sabemos que en Córdoba existe la posibilidad de tener asentamientos con 6000 años de antigüedad. Habiéndose encontrado en el año 2014 una  fosa común en el área del hospital de la Arruzafa. Ella se pueden observar los restos mortales de cuatro personas: dos niños un adolescente y un adulto. Estaríamos hablando hace 5100 años. Tenemos también delimitada y encontrada la zona funeraria de época romana poseyendo en la actualidad un mausoleo circular en el paseo de la victoria.

Ya en época musulmana, los enterramientos se realizaban en necrópolis perfectamente organizadas. Como es sabido, los musulmanes entierran a sus muertos envueltos en un sudario que es depositado directamente en la tierra, girando al difunto en dirección a la Meca. O en la Rawda si eras un emir o califa. También tenemos la existencia de cementerios hebreos cómo pudo ser de Quta Raso.

Con la conquista castellana el 29 de junio de 1236, la ciudad queda distribuida en catorce parroquias o collaciones. A partir de este momento, los templos parroquiales se convierten, también, en cementerios donde serán enterrados sus feligreses. En unos casos dentro del propio templo, en el caso de las familias nobiliarias, en una explanada anexa en el caso del pueblo llano. Esta práctica ciertamente insalubre será una de las causas, aunque no la única, de las numerosas epidemias que azotarán las ciudades españolas hasta mediados del siglo XIX.

 

En 1787 Carlos III promulga el 3 de abril una Real Cédula que establecía el uso de cementerios ventilados fuera de las poblaciones con el fin de recuperar espacios urbanos y, sobre todo, para evitar enfermedades y epidemias. La medida será acogida favorablemente por parte de los concejos locales, mientras que la jerarquía eclesiástica batallará para mantener la situación. Así, los dos primeros cementerios de Córdoba fueron construidos durante el año 1804, uno de la huerta del convento de San Cayetano y otro en el Campo de la Verdad.

 

Ya apoderados los franceses de la cuidad, en 1811, se habilitaron para cementerios la haza contigua a la ermita de Nuestra Señora de la Salud y la huerta del convento de San José. Sin embargo, abolido en 1814 el gobierno constitucional, cesó el uso de los cementerios y se volvió a sepultar en las iglesias.

 

En 1833 se mandó, en virtud de orden del Ministro de Fomento, enterrar fuera de las poblaciones y el Gobierno comisionó al intendente de la ciudad para que restableciera los cementerios. Así lo hizo, habilitando el próximo a la ermita de nuestra Señora de la Salud, y dando principio a la construcción de otro nuevo a la salida de ciudad para Madrid, denominándolo de San Rafael.

Por tanto como ya sabéis, en Córdoba, tenemos unos cementerios importantes, en los que tienen su sepultura personajes importantes relacionados con la cultura, la literatura, la pintura o el toreo.

Cementerio de Nuestra Señora de la Fuensanta: Un Oasis de Serenidad

El Cementerio de Nuestra Señora de la Fuensanta es uno de los cementerios más recientes en Córdoba, inaugurado en 1988. Este camposanto se caracteriza por su diseño moderno y cuidadosamente planificado. Consta de seis módulos hexagonales interconectados por escaleras y ascensores. En 2004, se amplió para incluir un tanatorio municipal, horno de incineración y espacios para sepulturas y esparcimiento de cenizas. Uno de los aspectos más destacados es la futura creación de un sereno lago destinado a esparcir cenizas. A pesar de su reciente construcción, este cementerio ofrece un ambiente de paz y reflexión que atrae a aquellos que buscan un lugar de descanso final.

Cementerio de Nuestra Señora de la Salud: Un Homenaje a Figuras Ilustres

Tumba de Manolete

La construcción del Cementerio de Nuestra Señora de la Salud se inició en 1810 y concluyó en 1811, aunque experimentó mejoras y expansiones hasta 1833. Su nombre se inspira en la vecina ermita de Nuestra Señora de la Salud, finalizada en 1805, que le dio su nombre. En 1846, la ermita se incorporó al cementerio, formando la icónica fachada neoclásica que lo caracteriza. Entre las tumbas de este cementerio, se encuentran reposando ilustres cordobeses como Lagartijo, Guerrita, Manolete, Machaquito, José Cruz Conde y Rafael García Lovera, por nombrar solo algunos.

Cementerio de San Rafael: Un Patrimonio Reciclado

Aunque fue el segundo cementerio en construirse en la ciudad, el Cementerio de San Rafael tiene una historia rica y peculiar. Iniciado en 1833, originalmente se destinó a albergar a los difuntos de diversos barrios de la Axerquía. Al igual que sus homólogos, este cementerio ha experimentado modificaciones y expansiones a lo largo del tiempo. En 1849, se erigió la capilla que se unió a la ermita de San Sebastián, creando un espacio de gran valor histórico y arquitectónico. Lo curioso es que esta expansión se llevó a cabo con materiales procedentes de varios conventos e iglesias, otorgando al cementerio un aura única. Entre las tumbas ilustres, destacan figuras como Julio Romero de Torres, su hermano Rafael, su padre Rafael Romero y Barros, Teodomiro Ramírez de Arellano y Manuel Calero “Calerito”.

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