Para todo cordobés de bien, San Rafael no es otro que el arcángel patrón de su ciudad. Erróneamente, San Rafael es para Córdoba su custodio, y sus patrones son San Acisclo y Santa Victoria, dos mártires que procuraron difundir la fe cristiana en época romana. Pero, ¿por qué tanta importancia a este arcángel? Se ve que a lo largo de la historia San Rafael ha tenido cierto gusto por nuestra ciudad, y no son pocas las apariciones en las que ha sido protagonista el arcángel, siempre en plena pandemia de pestes. Las más conocidas son las cinco apariciones al padre Roelas y la proclamación de su famoso juramento. Ya era mayor este párroco cuando sucedieron las primeras cuatro apariciones, por eso él mismo pensó que sería fruto de la demencia o cualquier artimaña del diablo. En estas apariciones el arcángel le instaba a promover su devoción en la ciudad, también ser proclamado custodio, así que decidió comunicárselo a otros párrocos y teólogos de la ciudad. Ellos le aconsejaron que de volverse a aparecer le preguntara quién era, y esa quinta aparición no tardó en suceder. El arcángel le contestó pronunciando lo que hoy conocemos como el juramento:
“Yo te juro, por Jesucristo crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”.
Lo que solía hacerse cuando azotaba la peste era rezar, si no cesaba, se sacaban a las vírgenes y a los santos a la calle, habiendo hecho esto sin que remitiera la peste, decidieron hacer caso al padre Roelas siguiendo sus indicaciones. A grandes males, grandes remedios, así que en 1578 se proclamó custodio de Córdoba al arcángel, y como por arte de magia la peste cesó.
Si lo pensamos bien, la peste es una enfermedad que se transfiere a través de las pulgas que portaban las ratas de la ciudad. Con la llegada del frío, las ratas buscan un lugar más cálido, así que al no haber ratas, tampoco había pulgas, y por ende se ponía fin a otra epidemia más de peste. La cosa fue que el fin de esta pandemia justo coincidió con los hechos que relató el padre Roelas, generando ahora sí, una ferviente devoción por este arcángel, la medicina de Dios.
No son pocos los homenajes que desde ese momento se erigieron para el arcángel. Uno de los más singulares es la escultura del Puente Romano (1651), y quizás el más grande sea el Triunfo de San Rafael de la puerta del puente (1781), muestras de la devoción cordobesa por el arcángel hay innumerables, prácticamente si caminando Córdoba te encuentras la representación de un hombre con alas, será San R
afael. Para más inri, una ingente cantidad de personas se llaman Rafael o Rafaela, muchos negocios llevan su nombre e incluso el estadio de fútbol, el Arcángel, y no hay casa aquí que no tenga a San Rafael en cualquiera de sus formatos, azulejo, figurita, cuadro… A decir verdad, no nos fue tan mal en esta última pandemia de Covid-19, pues fuimos una de las últimas ciudades en recibir infectados.
El 24 de octubre celebramos el día de nuestro custodio, y lo celebramos por todo lo alto, en Córdoba es fiesta local, así que cogemos nuestros peroles y nos lanzamos al campo a disfrutar con la familia y amigos de un buen arroz. Lo cierto es que deberíamos celebrarlo el 29 de septiembre, día de los Gabrieles, Migueles y Rafaeles, ya que se cambió la fecha del santoral en 1970, pero en Córdoba ese día no se celebra nada. Fuimos muy reacios a ceder en la costumbre de homenajear a nuestro custodio, así que tan sólo en Córdoba, la tradición pervive.
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