El agua en la Córdoba romana

Por Enrique Gimenez

El 21 noviembre 2022
Descubre la importancia del agua en la Córdoba romana. Adéntrate con nosotros en la historia, origen y desarrollo de la ciudad en la época de su fundación, poniendo como foco el agua. Un poquito de dosis histórica para matar tu curiosidad.

No hace falta decir que el agua es un recurso vital para el ser humano y para la vida de cualquier ser vivo del planeta. Por ello siempre ha sido un factor determinante en la localización de los asentamientos. Aunque factores como ser una zona elevada como defensa, eran tenidos en cuenta, ante todo un asentamiento debía estar situado cerca de una fuente de agua con suficiente cantidad para las actividades diarias y abastecimiento. El agua en Córdoba, como es de esperar, fue su base.

El agua en el origen de Córdoba

Para hablar de la importancia del agua en Corduba, nos remontarnos a la situación del primer asentamiento situado en la Colina de los quemados. Este primer asentamiento cumple las condiciones que hemos establecido en el párrafo anterior.
Con la llegada de los Romanos, el General Claudio Marcelo entre los años 169 a.C. y 152 a.C funda Corduba como un asentamiento aparte pero cercano al original que acabará absorbiendo.
Corduba se situó en los alrededores del Río Betis (Guadalquivir) por la riqueza que emana del río Guadalquivir en aquellos tiempos.

La ubicación de la ciudad y su evolución a lo largo de los siglos no se entendería sin la presencia del río Guadalquivir. Tanto en el espacio intramuros como en las áreas suburbanas fue obligatorio contar desde el principio con una serie de servicios hidráulicos que garantizaran la supervivencia y el bienestar de sus habitantes. Tanto como necesidad fisiológica básica, como elemento indispensable para el desempeño de las actividades cotidianas más habituales.

Con la cercanía del río se buscaba controlar los vados estacionales del mismo, que permitían conectar dos mundos casi antagónicos, al tiempo que dar salida a los metales de Sierra Morena y los productos agrícolas de la campiña a través de sus aguas, ya que este río era navegable hasta sus mismas puertas.
En la particularidad propia de Colonia Patricia y sus habitantes fue fundamental el río Betis, navegable hasta la misma ciudad para embarcaciones de poco calado.

El río Guadalquivir en el desarrollo de la ciudad

Las primeras referencias documentales a la existencia de un puente remontan al año 45 a.C., con ocasión del asedio a la ciudad por las tropas de Julio César en sus guerras civiles con los hijos de Pompeyo. En su mayor parte, este primer puente debió construirse con materiales ligeros. En época imperial, con la primera ordenación de la Vía Augusta (inicios del siglo I d.C.), sería sustituido por otro de fábrica, base del actual.

La nueva ciudad, que prospera rápidamente merced al comercio, los recursos agropecuarios del valle, el control del puerto fluvial y del río, navegable hasta sus mismas puertas, y muy especialmente las riquezas mineras de su sierra, que financian la conquista y favorecen el enriquecimiento de las primeras sagas familiares cordobeses.
Fue la principal vía de salida de mercancías y personas hacia Roma, proporcionando a la ciudad un flujo comercial importante, tanto exportador como importador, que tenía entre sus principales productos el aceite, el vino y los cereales. El centro neurálgico de esta actividad sería el puerto, que contaría con dos infraestructuras imprescindibles al respecto: un complejo portuario como tal, en el entorno del actual Alcázar de los Reyes Cristianos, y un complejo mercantil intramuros, junto a la Puerta del Puente. Esta zona aglutinará almacenes, espacios comerciales y áreas de fábricas distribuidos a ambos lados del puente, e incluso templos o santuarios dedicados a divinidades orientales.

Monumenalización y suministro del agua.

La monumentalización de la nueva Colonia Patricia durante el siglo I d.C. implicó la creación de varias infraestructuras hidráulicas destinadas a abastecer de agua y mejorar su imagen urbana. Los romanos alzaron diferentes edificaciones con distintos fines, pero una de las obras más importantes fueron los acueductos, o como ellos mismos llaman ‘acueductus’. Estas edificaciones servían para abastecer de agua potable a todas las ciudades del Imperio
Romano, incluida su capital, Roma. Estos acueductos nutrían las fuentes públicas, los complejos termales, las industrias y las viviendas de los ciudadanos que podían costearlo. Estos acueductos también se construyeron en nuestra ciudad, el primer acueducto del que tenemos constancia es el Aqua Augusta o Aqua Vetus. Estaba realizado en hormigón romano (opus caementicium). Contaba en algunos puntos con un ingenioso sistema de pozos de resalto (spiramina) y arcuationes que permitieron salvar grandes desniveles sin recurrir a fuertes pendientes en su trazado. Más tarde sería reutilizado, ya en época medieval, para el abastecimiento de Madinat al-Zahra.

Algunas décadas después se construiría el Aqua Nova Domitiana Augusta, cuyos restos han sido localizados al noreste de la ciudad, junto al arroyo Pedroche. También estaba realizado en opus caementicium, aunque sin revestimiento interno. A él vendría a sumarse enseguida un tercero destinado al abastecimiento del vicus occidental el Fontis Aureae Aquaeductus.
Parte de sus restos pueden contemplarse actualmente en la Estación de Autobuses. Cuando el acueducto llegaba a la ciudad, este desembocaba en una gran cisterna, llamada piscina limaría, donde se decantaba, ya que, al fin y al cabo, era inevitable que el agua portara impurezas. A veces, antes y posteriormente a la llegada a la piscina, unas rejillas eliminaban parte de estas. Estas piscinas podían ser, al mismo tiempo, grandes depósitos de agua. Enormes salas cubiertas donde poder almacenar el agua por si el acueducto dejaba de suministrar agua. A veces eran grandes cámaras alargadas, sujetándose en las paredes de la bóveda –o varias de estas salas alineadas-. Otras veces, eran amplias salas de pilares o columnas que sujetaban de igual modo las bóvedas.Más tarde, el agua iba al castellum aquae que era una especie de redistribuidor de agua. Desde este lugar salían las distintas tuberías que llevaban el agua a las calles de una determinada ciudad, pudiéndose cortar el suministro de una determinada zona, sin necesidad de dejar a toda la ciudad desabastecida. Aunque no en todas las ciudades el castellum aquae funcionaba de igual forma. Como hoy en día, mediante tuberías que salían del ya mencionado castellum. Estas podían ser de tres tipos: de piedra –rara vez usadas pues eran costosas de realizar-, de plomo y de cerámica. La más usada era la de cerámica.

Para la evacuación de aguas las calles de la ciudad romana se dotaron de una efectiva red de cloacas. Destacan entre ellas la cloaca máxima. Como ya sabras si has hecho nuestro freetour (si no te recomendamos hacerlo para vivir lo que te contamos en este y otros artículos), discurre bajo el Cardo maximus, localizada en la actual calle Blanco Belmonte.

Otra de las infraestructuras relacionadas con el agua más populares eran las termas romanas, baños públicos que incluían estancias reservadas para actividades gimnásticas y lúdicas. También eran consideradas lugares de reunión y a ellos acudía la gente que no podía permitirse tener uno en su casa, como los plebeyos o los esclavos. A veces los emperadores o los patricios concedían baños gratis para el resto de la población. En este caso fueron creadas por el hombre, ya que también existen las termas naturales. Las antiguas estancias de baño se fueron perfeccionando a lo largo del tiempo y crecieron, convirtiéndose en lugares independientes destinados sólo al baño. Las termas romanas ofrecían baños de vapor y piscinas frías, templadas y calientes.

 

Por tanto y retomando la idea de la importancia del agua en las sociedades tanto pasadas como futuras debemos destacar que si hoy en día tenemos un abastecimiento de agua en nuestra ciudad y en el resto de las ciudades es gracias a las infraestructuras que crearon los romanos y que con posterioridad se fueron conservando y modernizando para hacer llegar este producto tan necesario en nuestra sociedad.

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Adaptación del escrito de Rosa M. Valderas Lorente

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